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LA OBRA POÉTICA DE SÁNCHEZ CARRIÓN

Iván Peña Rebaza

Lic. en Historia del Arte

Hoy 13 de Febrero del 2010, se cumplen 223 años del nacimiento de José Faustino Sánchez Carrión. En esta oportunidad a los amigos lectores de los artículos de la pág. Wamachuco.com quiero ofrecerles un perfil diferente de José Faustino, aquel en el cual nos muestra su faceta poética, porque él también fue poeta y lo conocemos poco en aquel aspecto. Este pequeño párrafo pertenece a la investigación que vengo haciendo sobre Sánchez Carrión y espero publicar este año. 


 

La obra poética de Sánchez Carrión

 

            La producción poética de Sánchez Carrión no fue numerosa, y tampoco escasa; el motivo de la ausencia de sus textos se debe a la época en que fueron creados, ya que eran temas de protesta, de libertad, de independencia, eran imposibles de publicar en aquel régimen absolutista, y apenas se presentó la oportunidad de hacerlo, lo efectuó en la oportunidad del reconocimiento a Baquíjano y Carrillo,  cuya oda le brinda la ocasión de cantar a la “santa libertad”. La oda demuestra que quien es su autor no podía quedarse con su sola producción, desde que es muy raro descubrir al poeta de una sola poesía. [1]

El doctor Porras Barrenechea afirma sobre el orador y poeta: “Al mismo tiempo que en la elocuencia, descuella en la poesía”. De su consagración a las musas, ejercicio obligado de todo colegial en San Carlos, queda un valioso testimonio de Juan María Gutierrez, quien lo califica como: “una de las mejores producciones de la musa revolucionaria de América”. La escribió en 1,810 en honor de Baquíjano y Carrillo, el gran precursor de las ideas liberales, consagrándole la más hermosa de las admiraciones juveniles, la del amor a la libertad.[2]

            Gamio Palacio transcribe con acotaciones la oda para apreciar mejor la calidad poética de Sánchez Carrión, de la siguiente manera:

            “Inicia Sánchez Carrión  su oda refiriéndose a los tres siglos de coloniaje y a la esclavitud en que se había vivido, correspondiendo a los americanos sólo la obligada obediencia. Relata tal estado de cosas:

                        Atado estaba el continente nuevo

                        Trescientos años con servil cadena.

                        A cuyo ronco son su acerba pena

                        Su eterna esclavitud llorar solía

                        En triste desventura

                        Desde que el padre de la luz salía

                        Hasta el dulce nacer del alba pura.

            Menciona las cuantiosas riquezas que se explotan, que formando valiosos tesoros son llevados a la Península:

                        El metal valeroso,

                        La  quina saludable,

Y mil riquezas en soberbias naves,

De tributo en señal de cortar servían

Con fuerza irresistible

El húmedo elemento

A pesar de las olas y el viento.

            Presenta el dramático cuadro que experimentan los naturales, que son en todo postergados:

                        Y el infeliz colono

                        Por sabio, por intrépido que fuese,

                        Y en valor excediese

                        Al vizcaíno, gallego o castellano

                        Su cerviz sometía,

Y  no mandar, si obedecer sabía;

            Y contrapone el cuadro promisor que se inicia con el nombramiento de José Baquíjano y Carrillo como Consejero de Estado en España, triunfo de la Patria, del personaje y de América:

                        [...]

                        Y a ti ¡Oh Joseph! ¡Oh sabio esclarecido!

                        La suerte de dos mundos

                        Por toda la nación confiarse vido

                        Gloria y honor al sabio de la patria:

                        Salve mil veces, salve,

                        ¡Oh poderosa Lima!

                        Salve ¡Oh Perú! ¡Oh América opulenta!

            Continúa refiriéndose al nacimiento del Nuevo Mundo a la Libertad; menciona a Baquíjano y Carrillo como el escogido y expresa el alborozo de la ciudad por el acontecimiento:

                        [...]

                        La santa libertad batió riendo

                        Sus alas celestiales

                        Sobre su fértil suelo,

                        Y en Baquíjano  al fin posó el vuelo.

                        Salve ¡Oh Joseph! pues eres el primero

                        Que a tan excelso honor has ascendido

                        En quien tu cara patria ha recibido

                        De igualdad el ejemplo

                        En quien la unión fraterna tan deseada

                        Llegó a verse por fin asegurada.

                        Salve ¡Oh Joseph! ¡Ilustre Americano!

                        Que el Rímac apasible

                        De noble orgullo penetrarse siente

                        [...]

                        Gloriarte puedes, que tu amada patria

                        [...]

                        Tu nombre augusto en la columna de otro

                        Que eleve a la memoria

                        De su alma libertad, de su victoria

[...]

            Tras cerrar el tiempo de dolores y sufrimientos,  pone de lado lo ocurrido ante el advenimiento de la nueva época   y reitera su gozo por ser Baquíjano el escogido:

                        [...]

                        Y basta de quebranto

                        Exclama, “basta... mi hijo bienhadado,

                        Olvido mis ultrajes,

                        Mis antiguas querellas;

                        Que ya las ciencias, y las artes bellas

                        Que el talento peruano cultivase

                        De mi felicidad harán la base”.

                        [...]

            Es pues una composición de rico acento épico, donde presenta Sánchez Carrión los cuadros contrapuestos de una América sometida y de otra América que parece vindicada al nivel  de la Península. Cita a Lima y al Perú por ser  Baquíjano y Carrillo limeño y peruano, pero su canto es acusación, denuncia y sensura por tres siglos de sometimiento.”[3]

Raúl Porras Barrenechea recuerda que Sánchez Carrión  al mismo tiempo descolló en la elocuencia y en la poesía, comprobándose en su caso “que para ser gran orador se necesita tener alma de poeta”.  Alfonso Pérez Bonany, aporta datos reveladores 1°.- Desde su etapa adolescente, Sánchez Carrión escribía versos que eran muy elogiados por sus profesores y condiscípulos; y 2°.- Que José Antonio Miralla, al relatar los acontecimientos limeños en homenaje a Baquíjano y Carrillo, elogió las composiciones poéticas de Mariano Melgar y de Sánchez Carrión. Aurelio  Miroquesada, en su prólogo a “La poesía de la Emancipación”, atribuye calidad literaria a las creaciones de Melgar, Olmedo, Pérez de Vargas, Gorbacho y otros aedos de la época, afirmando que tal calidad literaria en Sánchez Carrión se evidencia “en la afirmación de libertad bajo la elegancia retórica”. Esta dimensión poética de Sánchez Carrión se explica por haber desarrollado en su vida de estudiante carolino innatas dotes de sensibilidad e inspiración unidas a su cultura humanista y a su brillante versación retórica.

            Las dos composiciones que han llegado hasta nuestros días, presentan las dos metas esenciales y características de la poesía de Sánchez Carrión: 1°.- Exaltación de la libertad dentro de un contexto cívico-patriótico reforzado con expresivas connotaciones emotivas y doctrinarias. 2°.- Serena pero franca defensa de un genuino sentimiento vernacular e indigenista.

            El poema “Canción Indiana” que publica “El Tribuno de la República”, en 1824, le precede Sánchez Carrión de clara y breve nota explicativa para que sea mejor comprendido el tema. Se refiere a cómo ubicaban sus viviendas los indígenas, la forma que eran requeridas las doncellas para contraer matrimonio, y el porqué ha optado por tratarla de la manera   que mejor interprete costumbre tan sana y sencilla. Así sobre las viviendas nos dice: “Los antiguos americanos que la culta Europa llamó indios,  regularmente no vivían formando pueblos, sino entre los montes en cabañas separadas unas de otras”. En cuanto al requerimiento y aceptación de amores relata lo que se acostumbraba: “Cuando un joven amaba, iba por la noche a la choza de su amada con un hacha encendida, y si la virgen la apagaba con un soplo era señal de que admitía  a su amante favorablemente”. Menciona este amor a la par que el valor y el patriotismo, que los señala como las calidades que distinguen a los indígenas, lo cual según su criterio permite percatarse mejor del tema de la composición.

            Nos ilustra con versación y maestría sobre el tema vernacular, así como sobre la connotación indigenista que da relieve al motivo y a las notas líricas de la forma en armonía con el asunto, personajes y ambiente de égloga andina, destacando el sentimiento de amor al terruño que trasciende de dicha composición. En él repite al final de cada estrofa dos versos en pareada eufonía reiterativa:

            “Yo voy a sorprenderla

            antes que nazca el sol”.

            - Nos dice de la búsqueda que lleva a cabo el pretendiente  y de la significativa señal  que entrega a la amada:

            Entre las sombras mudas,

            por esta alzada loma

            yo busco a mi paloma,

            en alas del amor.

            Yo voy a sorprenderla,

            allá en su mismo nido

            solitario y querido,

            antes que nazca el sol.

            Le dí un hilo de cuentas

            Que siempre al cuello lleve;

            tres blancas cual la nieve,

            indican su candor,

            tres verdes mi esperanza

            de gozar sus favores,

            tres negras mis temores,

            y tres rojas mi amor.

            Yo voy a sorprenderla

antes que nazca el sol.

-   Describe así el objeto de los ensueños:

Cual conchita de nácar

de perlas guarnecida,

su boca reducida

exhala un grato olor.

Sus ojos de paloma

que arrulla lastimera,

su larga cabellera

es un campo de arroz.

Yo voy a sorprenderla

Antes que nazca el sol.

-  Y continúa describiéndola:

Sus mágicas palabras,

su bálsamo suave

que las heridas sabe

curar el corazón.

Sus pechos dos cabritos

en un día nacidos,

de una madre paridos,

y de un mismo color.

Yo voy a sorprenderla

antes que nazca el sol.

-  Relata  el esperanzado anhelo:

Cubra su dulce aliento

de sombra voluptuosa,

esta hacha luminosa

que mi amor encendió.

Yo alegraré su seno,

cual alegra el rocío

en el ardiente estío,

las hierbas y la flor.

Yo voy a sorprenderla

Antes que nazca el sol.

-  Formula, ante el éxito promesa eterna:

¡Oh Mila! Que yo vea

pendiente de tu seno,

y de mil gracias lleno

el fruto de tu amor.

No temeré mirando

su sonrisa agraciada,

ni la vejez helada,

la muerte, ni el dolor.

Yo voy a sorprendela

Antes que nazca el sol.

-  Invoca el fruto del amor, depositario de la vindicación de la raza:

La patria en él poniendo

su gloria y su esperanza,

le fiará su venganza

de su ultrajado honor.

Y meciendo su cuna

fumaré en paz sabrosa

mi pipa deleitosa

cantando esta canción.-

-  Y concluye repitiendo las dos primeras estrofas pero cambiando el sentido del tiempo, pues ya no anuncia  lo que pretende sino lo que ha obtenido:

Entre las sombras mudas

por esa alzada loma,

yo busqué a mi paloma

antes de ver el sol.

Yo vine a sorprenderla

aquí en su mismo nido,

solitario y querido,

y aquí pago mi amor.

 

Con el mismo efecto con que desarrolla este tema de costumbre andina, lo encontramos en el Mensaje del Congreso a los indígenas del que es autor Sánchez Carrión; siendo la poesía de inspiración romántica y el mensaje de elocuencia oratoria.

            Algunos sin justificación lo atribuyeron a Olmedo, pero no figuraba entre las publicaciones de las poesías de éste, por esta razón se considera que no es del cantor de Junín; otros la atribuían a Larriva, pero se piensa que no es de él ni por el asunto ni por el estilo y lenguaje, ni por la forma de desarrollarlo. Se cree sí que el autor  es Sánchez Carrión por la explicación que la precede, comprendiendo la razón del tema y ser éste inspirado en una costumbre serrana tratada con cariñosa nostalgia por el terruño. No debemos olvidar que fue poeta como lo demuestra su oda en elogio a Baquíjano y Carrillo, y que así se le reputara en su época por ser autor de otras poesías que desgraciadamente no han llegado hasta nosotros.[4]         


 

[1]  GAMIO PALACIO Fernando. "El Repúblico y Libertador Doctor: José Faustino Sánchez Carrión"., p.381

[2]  PORRAS BARRENECHEA, Raúl. "Historia de la Repóblica del Perú". p. 19

[3]  GAMIO PALACIO, Fernando. Ob. cit.   pp. 383-385

[4]  Ibid.,  pp. 387-392